San Ambrosio Biografia, Historia, Imagenes, Oracion, Vida

San Ambrosio Biografia, Historia, Imagenes, Oracion, Vida

SAN AMBROSIO OBISPO DE MILAN

EL NIÑO AMBROSIO

En la víspera de la VIRGEN INMACULADA ningún pregonero, ningún heraldo más apropiado para anunciar su virginidad Inmaculada que San Ambrosio, campeón y luchador aguerrido de la virginidad. Aún no sabía hablar, estando en el jardín de su casa en Tréveris, le ocurrió el mismo episodio que se cuenta de Platón, que un enjambre de abejas revoloteaba por su rostro, hasta deslizarse, sin picarle, en el interior de su boca, y su padre, prefecto de las Galias, que lo estaba viendo, dijo: "Este niño va a ser algo grande". Había nacido en Tréveris, el año 340. Estudió Letras y Jurisprudencia en Roma y fue después secretario del prefecto de la ciudad, Petronio Probo.

Ya mayorcito, cuando el obispo visitaba su casa, como veía que todos le besaban la mano; él presentaba también la suya a los criados y a su hermana, para que se la besaran, diciendo: "¿No sabéis que también yo voy a ser obispo?". Petronio Probo, prefecto romano, abogó para que el emperdor le otorgara el cargo de prefecto de las provincias Emilia y Liguria en Milán, al despedirle, le dijo: "Ve, hijo mío, y pórtate, no como juez, sino como obispo". Tenía treinta y unos años de edad contaba cuando fue nombrado.



¡AMBROSIO, OBISPO!

A los dos años de ejercer la prefectura en Milán, apenas había empezado a desarrollar su programa de gobierno, rodeado de la simpatía y la admiración unánimes, falleció el obispo y se planteó el problema de la elección de sucesor, que debían hacer el clero y el pueblo. Hubo disputas acaloradas; y un día, mientras el clero deliberaba en la parte superior de la basílica, y el pueblo aguardaba abajo la decisión con animosidad y actitud que podían degenerar en motín, el gobernador creyó deber suyo presentarse en medio de los fieles para hablarles y tranquilizarles. Apenas había terminado su elocuente exhortación, se oyó una voz infantil, que gritaba: “¡Ambrosio Obispo! ¡Ambrosio, Obispo! "¡Ambrosio, obispo!". Siguió gritando la muchedumbre considerando la voz inocente como una orden del cielo. Los clérigos discernían, en la parte superior de la basílica la sucesión del obispo que acababa de fallecer; los fieles esperaban impacientes en la parte baja, Y el clero se unió a la aclamación general. El único que protestaba era Ambrosio alegando que el Concilio de Nicea, en 325, había prohibido que los no bautizados fuesen elegidos obispos, y Ambrosio sólo era catecúmeno. Pero los electores no cedieron. El Papa aprobó la elección. Cuando fueron en busca de Ambrosio, para prepararlo y consagrarlo, no lo encontraron. Pero, al fin, se rindió a la voluntad divina. Recibió el Bautismo; fue ordenado sacerdote y consagrado obispo. Parodiando a Gabriel y Galán que describe en LA PEDRADA, a los niños del pueblo lanzando piedras contra los judíos que atormentan a Jesús camino del Calvario y se pregunta; ¿somos los hombres de hoy aquellos niños de ayer?, podemos nosotros preguntar hoy: ¿Son los pretores de Europa de hoy aquellos hombres de estado de ayer que fueron reclamados por el pueblo para obispos, como Ambrosio?

ELECCION ACERTADA

Muy pronto demostró Ambrosio estar a la altura de su dignidad. Su vida, que había sido siempre sobria, se hizo ahora austera y penitente. Distribuyó a los pobres todo su dinero y se trazó un programa pastoral vastísimo, que cumplió durante todo su pontificado. Destacó la caridad con los pobres, enfermos, moribundos, cautivos, viudas y huérfanos. Fundó hospitales y albergues, nada tuvo suyo y vivió en constante y heroica abnegación con los necesitados. Para perfeccionar su cultura teológica y bíblica, consultó personalmente y estudió los escritos de San Basilio, San Cirilo de Alejandría, San Gregorio Nacianceno, y otras grandes figuras de la época, vivos o difuntos, junto con Simpliciano, que le aleccionaba directamente y que sería su sucesor. Tuvo especial amistad con San Basilio, pues desde su juventud había sido hombre de selectas amistades. Ya en Roma trató a San Jerónimo, a San Paulino de Nola, a Santa Paula y a sus hijas. Brillante orador forense, ahora era un gran predicador sagrado. En sus sermones se hermana la elocuencia ciceroniana con el profundo conocimiento del Evangelio y la vibración del celo. Como escritor, destaca su comentario al evangelio de San Lucas, sus tratados sobre los sacramentos y el tratado sobre la virginidad, de la que fue un formidable panegirsta.



MARCELINA Y SU MONASTERIO

En el siglo IV, una joven viuda, entregada a la educación de sus hijos con esmero llamada Marcelina, vivía en una casa patricia con sus hijos Sátiro, que ayudaba a su madre llevando la administración y Ambrosio, el pequeño, inseparable de su hermano mayor. Aquella casa había sido convertida en monasterio por Marcelina para albergar a las vírgenes consagradas a Cristo, vistiendo el velo de su consagración con el testimonio y magisterio de Marcelina, la madre de Ambrosio. Esta será un indicio para entender el carisma de Ambrosio de apóstol de la virginidad. Vilipendiado por la gente por su constante predicación, se defenderá con estos argumentos: "Me dirá alguno: Tú todos los días nos estás hablando de las excelencias de la virginidad." ¿Pues qué he de hacer, ya que alabando diariamente lo mismo no consigo ningún fruto entre vosotros? No es al menos mía la culpa. Ved cómo vienen las vírgenes desde Piacencia, desde Bolonia, desde la Mauritania, para recibir aquí el velo sagrado. ¿No es maravilloso? Hablo aquí y allí persuado... Sé de muchas jóvenes que desean ser vírgenes y sus madres, o lo que es peor, las viudas, a las que ahora me dirijo, se lo impiden y aun les prohíben venir a escucharme..." El obispo era un formidable propagandista de la virginidad, propaganda que no era fácil y crecían entre sus diocesanos las murmuraciones y las resistencias. Por experiencia se que tampoco ahora es fácil la tarea ni frecuente. "Confiésate con quien quieras menos con ese sacerdote", he tenido que sufrir. Mas tal era la autoridad de Ambrosio, tal su virtud, que en su presencia todos enmudecían. Hasta aquel discípulo de Arrio, el sutil Helvidio, que se atreverá a impugnar, no sólo a atacar los afanes dé Ambrosio, sino la misma virginidad de Santa María. Razón para leer hoy, en la víspera de la Virgen Inmaculada, esta actividad de Ambrosio, pues ambas causas están unidas estrechamente: Ambrosio utilizaba este gran recurso y argumento de la bendita y augusta virginidad. "Sírvaos, decía, la vida de María de modelo de virginidad, cual imagen que se hubiese trasladado a un lienzo; en ella como en un espejo, brilla la hermosura de la castidad y la belleza de toda virtud... El mayor estímulo del alumno es la excelencia del maestro. Y ¿qué Maestra más insigne que la Madre de Dios? Cuál más preclara que aquella que fué elegida por su misma claridad, o cuál más casta que la que engendró sin mancillar su pureza?" Y con la virginidad de Santa María por emblema y escudo, el obispo proseguía su campaña. No era enemigo del matrimonio, bien que lo afirmó y reafirmó; pero no podía dejar de comparar esposos con Esposo: "Hija mía, has elegido un buen matrimonio. Ya ves cuánta gente ha venido para celebrar el Nacimiento del Esposo...; ámale, hija mía, porque es bueno. No hay nadie bueno sino solo Dios. Pues, si no se duda de que el Hijo es Dios y de que Dios es bueno..., te lo repito: ámale. Porque es el mismo a quien el Padre engendró desde toda la eternidad antes que al lucero de la mañana..." Así era San Ambrosio, así exhortaba y formaba el rebaño de sus vírgenes en aquella santa comunidad que presidió su madre Marcelina.

BASE DOCTRINAL DE LA VIRGINIDAD

Citando Santo Tomás a San Jerónimo, contra Jovino, que afirma que el error de Jovino consistió en mantener que la virginidad no era superior al matrimonio, escribe: Este error queda rechazado por el ejemplo de Cristo, que eligió a su madre virgen y él mismo se mantuvo virgen, y según la doctrina del Apóstol en 1 Cor 7, 25, que aconsejó la virginidad como un bien mejor que el matrimonio. También lo rechaza la razón porque el bien divino es mejor que el humano. Porque el bien del alma es más excelente que el del cuerpo. Y porque el bien de la vida contemplativa es más excelente que el de la activa.

Como la virginidad se ordena al bien del alma en la vida contemplativa, que consiste en pensar en las cosas de Dios, mientras que el matrimonio se ordena al bien del cuerpo, que es la multiplicación del género humano, y pertenece a la vida activa, puesto que el hombre y la mujer casados tienen que pensar en las cosas del mundo, tal como dice el Apóstol en 1 Cor 7, 33, afirma sin lugar a duda, que la virginidad es mejor que la continencia conyugal .

CLIMA DE ALTURA

El amor virginal es el más profundo y extenso. La virginidad no es soledad del corazón. Al contrario, supone compañía fiel de amistades puras y eternas. ¡Y qué hermosa la amistad! ¡Y qué provechosa! Dos almas que se aman y se ayudan, que se reparten sus luces. La virginidad es flor de alta montaña, no puede resistir las temperaturas de la tierra baja. Su cultivo exige vida espiritual poderosa, fe fuerte, especialmente la de la mujer por su psicología más sensible y voluble. Supone mirada de águila para descubrir su belleza, telescopio poderoso para ver a Dios. Como consejo evangélico, es un atajo para llegar a Dios.

El atajo se aparta del camino general, supone más incomodidad, que sólo se está dispuesto a abrazar cuando la visión de la meta es muy clara y deseada. Un exiliado que está muchos años sin ver a su madre está en disposición de aceptar las penalidades de todos los atajos, porque le mueve el poderoso amor y deseo de encontrar a su madre. Saber saborear la hermosura de la amistad y que la virginidad es el mejor camino para que la amistad germine. José y María son los dos grandes modelos de amigos vírgenes. Los dos miran en la misma dirección: Jesús, su Bien Supremo, su Amor total.

LA SITUACION DE AMBROSIO COMO OBISPO

Mas lo admirable de este campeón de la virginidad es su circunstancia en la que desarrolló su campaña. Ambrosio no era, ni por temperamento, ni por su género de vida, un monje escondido y tímido que sólo sabía de santas purezas y retiros; Ambrosio era un hombre de leyes, educado en la comodidad y en la jurisprudencia, que muy pronto supo de honores y de gobierno. Su estilo de alma era recio, reflexivo y hasta imperioso. Era él un joven gobernador que acude al templo para pacificar los ánimos revueltos por la elección de nuevo obispo, y lo hizo con tal autoridad, que de pronto a él mismo le proclamaron el clero y el pueblo unánimes. Ambrosio manifestó su grandeza resistiendo la elección. Y el que era gobernador fué consagrado, ocupando desde entonces en aquel siglo uno de los puestos más influyentes y decisivos del imperio. El campeón de las vírgenes era el amigo y prefecto o gobernador, amigo de los emperadores; primero de Valentiniano; después, de Graciano y de Teodosio. Obispo de cuerpo entero, que no se doblegó ante ningún poder de la tierra, detuvo la cólera de Máximo dispuesto a devastar Italia. Su grandeza de ánimo quedó patente en la excomunión lanzada contra Teodosio por su cruel carnicería en Tesalónica castigando un motín sedicioso en esta ciudad, matando a 7000 personas. Cuando regresó a Milán y quiso entrar en la basílica, San Ambrosio le detuvo en el umbral, diciéndole: "Ya que has imitado a David en el crimen, imítalo también en la penitencia". Y no quiso admitirle en la iglesia hasta que hubo cumplido una penitencia pública, durante ocho meses.Tal era aquel hombre pétreo y firmísimo, que supo hacer compatible su sabiduría, su gobierno, su gravedad, su prestigio universal, con aquel amor delicado y tierno por la virginidad y sus flores.

LA MADRE ABEJA VIRGEN

San Ambrosio de Milán, el serio y gravísimo San Ambrosio, fué el hombre que escribía: "Muy bien se puede comparar a la abeja con la virgen, así es de trabajadora, pudorosa y casta. La abeja se alimenta de rocío, desconoce las uniones sexuales, fabrica miel. El rocío de la virgen es su conversación con Dios..., su cuerpo inmaculado es el pudor virginal, los frutos de la virgen son sus palabras. exentas de amargura... Cuánto deseo, hermana mía, que imites a la pequeña abeja, que se alimenta de flores, en su boca lleva el fruto y con su boca lo prepara..." San Ambrosio, el caballero celeste de las vírgenes, es también San Ambrosio, el doctor de los saberes copiosos y San Ambrosio el liturgo de una liturgia fastuosa y sublime, y el San Ambrosio el de los pobres, ciegos, cojos, mancos y hambrientos. El que escribió contra los arrianos y una serie de himnos solemnes, que se utilizan todavía en la liturgia actual.

GENIAL HOMBRE DE ESTADO

Conocía la situación del Milán, centro y capital del imperio de Occidente, era fenomenal su dominio de los asuntos políticos y su autoridad de jurista, su capacidad como consejero técnico de los emperadores en materia religiosa, en la que intervenían, pues desde que Constantino se había hecho protector de la Iglesia, y se consideraba, una especie de obispo externo a la Jerarquía, no podían desinteresarse de los conflictos que incesantemente se provocaban entre cristianos y paganos, entre ortodoxos y arrianos. Fallecido Valentiniano I en 375, quedaba heredero del Imperio su hijo Graciano, de veinte años de edad. Otro hijo era un niño de cuatro, que fue educado por su madre Justina. El gran obispo fue para los dos príncipes, más que un consejero político, un tutor, un confidente, un padre. Graciano se formó a su lado, y favoreció la caída del paganismo como religión del Estado. A la muerte de Graciano en las Galias, Ambrosio, a súplicas de Justina, se encaminó a Tréveris para parlamentar con él y calmar sus iras. Al regresar de la embajada, suponía que la emperatriz le estaría agradecida. Pero ella pidió al obispo una basílica de la ciudad para los arrianos. La actitud intrépida del Santo, su creciente popularidad, la hicieron desistir, al contemplar que Ambrosio se había encerrado con el pueblo católico en la basílica, y contestó a los emisarios de Justina: "Mis bienes son de la patria, pero lo que es de Dios no tengo derecho a entregarlo". El pueblo se apiñó en torno suyo y le defendió. Y la omnipotencia imperial tuvo que doblegarse a su energía. Pero el Obispo y Teodosio se avinieron bien, y desarrollaron un programa basado en la unión estrecha entre la Iglesia y el Estado, pero conservando Ambrosio enteramente, su independencia espiritual. Ha escrito un autor español: "Con razón se ha dicho que esta victoria de la Iglesia es una de aquellas que se pueden llamar victorias de la humanidad. La última palabra no la habló la fuerza, sino el derecho. El Obispo representaba no sólo al Evangelio, sino a la conciencia humana".
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