Virgen de Atocha: Nuestra Señora de Atocha

Virgen de Atocha: Nuestra Señora de Atocha

Virgen de Atocha

Traída a España, según la tradición, por los discípulos de San Pedro, la primera referencia que sobre la imagen existe nos remonta a un escrito del siglo VII de San Ildefonso, arzobispo de Toledo. En él recomienda a un canónigo de Zaragoza que visite una ermita, situada junto a la vega del río y donde se venera una imagen, que por la descripción correspondía a Nuestra Señora de Atocha.

Esta ermita, fue años más tarde sustituida por otra construida en el mismo sitio donde hoy está la basílica. Cuenta la leyenda, que esta segunda ermita fue construida por un caballero cristiano, llamado Gracián Ramírez, que un día fue a orar a la primitiva iglesia y la encontró vacía. Preocupado, buscó por sus cercanías hasta que encontró la imagen de la virgen. Contento con el encuentro, decidió levantar en aquel campo una nueva ermita. Cuando, en compañía de otros cristianos, se encontraba trabajando en su construcción, fueron atacados por un grupo de árabes, muy superior en número al de los cristianos. Ante el temor de que sus hijas y esposas cayeran en manos de los árabes, cortó sus cabezas antes de iniciar el combate.

Tanto fue el valor desplegado y la fiereza empleada en la batalla que los árabes fueron vencidos. Ante la alegría general por el triunfo en el combate, destacaba la tristeza de Gracián Ramírez, que para su sorpresa al volver a su casa encontró con vida a su esposa e hijas. Sólo un pequeño hilillo de sangre rodeaba sus cuellos.

Doce siglos después, se conserva en el altar de la basílica la imagen que Gracián rescató. La basílica se erigió sobre los restos de la antigua ermita. Sin duda, esta virgen constituye la talla más antigua de las que existen en Madrid. Representa una mujer sentada, de rostro casi negro y grandes ojos rasgados que tiene sobre su mano izquierda un niño al que ofrece con su mano derecha una manzana. El niño, que no mira a la fruta, extiende su mano derecha, como si diese la bendición.

Sobre el nombre de Atocha, existen varias teorías, aunque la más extendida es la que sitúa su origen en el campo de atochas, donde se encontró la imagen. La atocha es una planta parecida al esparto, muy frecuente por aquel entonces en la zona.

El año 1523, el inquisidor general Francisco García de Loaysa, solicita y consigue del papa Adriano VI el permiso para que la orden de predicadores de Santo Domingo ocupara el templo que habría de sustituir a la ermita.

La construcción del nuevo convento fue lenta. Más de cien años se demoró, pues se levantó con las limosnas entregadas por los nobles. Felipe II ordenó edificar una capilla dedicada a Nuestra Señora de Atocha con un retablo y puso la capilla bajo el patronato real. Fue Felipe III, quien reconoció oficialmente el patronato real, extendiéndose la devoción por la imagen a todo Madrid.

Bajo el reinado de Felipe III también se inició la costumbre de que los reyes se detuvieran en el convento antes de entrar o salir de la Villa y Corte.

Años después, bajo el reinado de Felipe IV, la Virgen de la Almudena fue nombrada Patrona de la Villa y Nuestra Señora de Atocha paso a ser Patrona de la Corte. Durante ocho días la imagen fue llevada al convento de la Encarnación, donde se celebró el nombramiento.

Felipe IV reedificó el templo, ya que era su costumbre visitarlo con frecuencia. Según cuenta un fraile, se contabilizaron más de 3.400 visitas.

El cambio dinástico de la Casa de Austria a la de los Borbones no afectó a la devoción real, aunque sí se redujo el ceremonial utilizado. Los borbones mantuvieron la costumbre de acudir al templo los sábados por la mañana para cantar La Salve.

Carlos III y Carlos IV se trasladó del sábado al domingo el canto de La Salve. La ocupación francesa supuso que tanto el convento como la iglesia fueran utilizados como cuarteles. Durante este tiempo, la imagen de la virgen permaneció en el convento de las Descalzas Reales.

Isabel II consiguió en el año 1863 que el papa Pío IX convirtiera la iglesia en basílica. Uno de los actos más importantes de los que han tenido lugar en la nueva basílica fue la boda del rey Alfonso XII con María de las Mercedes, celebrada en 1878.

El peso de la historia no evitó la demolición del templo, ya que el deterioro era total y muchas eran las voces que aconsejaban construir uno nuevo. Por ello fue convocado un concurso que ganó Fernando Arbos con un proyecto que contemplaba la construción de una basílica pseudobizantina con campanil exento y un Panteón de Hombres Ilustres.

El proyecto de Arbos no se llevó a cabo por falta de recursos económicos. Únicamente se hizo el Panteón de Hombres Ilustres y el campanil. Alfonso XIII, ordenó en 1924 que se construyera un nuevo templo, aunque mucho menos ambicioso que el anterior. Por fin dos años más tarde, la iglesia abrió sus puertas y la imagen de la virgen pudo ser de nuevo colocada en el altar mayor.

Durante la Guerra Civil ardió la iglesia, pero se salvó la imagen, pues los dominicos prudentemente escondieron la talla. Lo curioso fue que después de acabar la guerra, se tardó tiempo en encontrar la talla. Una vez localizada, fue llevada al convento del Cristo del Olivar, hasta que fue construido el actual templo y fue depositada en él.

La Salve cierra actualmente la misa vespertina de los sábados, y aunque no cuenta con la presencia de los reyes, es cantada con la misma devoción de antaño.
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